miércoles, 30 de enero de 2008

Amélie: el cine como embrujo

Se repite con Cardoza y Aragón: “yo no tengo una biblioteca, tengo muchos libros”. Un libro es una llave maestra que abre no pocos cajones en esa enorme habitación que es la imaginación. Una habitación de proporciones colosales. El ocio es la llave o, en este caso, el conjuro que abre las posibilidades ante el cine. Un ocio que es más bien una hueva filosófica, o para ser más claros, un día que ha amanecido insoportablemente domingo y habrá que contraatacar antes de terminar neurótico. El ritual es más complejo cuando se trata de ir a esa sala extraña, donde se escuchan rumores, y se observan acurrucados otros seres extraños, ajenos, lejanos, y una luz blanca que parpadea sobre los cuerpos.

Quien se esconde en la soledad encuentra en los momentos efímeros un entretenimiento, el placer de un color, el sabor de la pasta con salsa blanca y albahaca, o romper la nata catalana con una cuchara, o recolectar fotos para reunir una especie de familia imaginaria, o, ese placer maléfico, romper las bolitas de los empaques de embalaje plástico. Jean-Pierre Jeunet, loco francés, experto en guiones descomunales, nos guía a través del universo parisino con imágenes trágicas, poéticas, irresistiblemente risibles, hasta una especie de orgasmo delicado (como esos que cuenta Amélie en la buhardilla de su habitación), o feliz embriaguez. Técnica exquisita que recuerda los viejos filmes franceses del amor y la luna, Jeunet lleva a la apoteosis la imaginación creando figuras una tras otra.

Amélie es un cajón de imágenes y posibilidades color bergamota, donde la fotografía es una belleza y los diálogos son memorables, líneas subrayables, un mundo en el que los discos se hacen como crepas y La comida de los remeros del francés Renoir es la vista del mundo de un pobre viejo, una mujer de ojos marrón lanza piedras en el canal de San Martín, vino caliente con galletas de jengibre, un mundo donde cada quien lleva un epíteto a cuestas. Como Hipólito, escritor fracasado que gusta de ver cornear a un torero. Ironía estimulante. El fabuloso destino de Amélie, pero ese destino es un rompecabezas que sólo puede lograrse con la búsqueda de un compañero, alguien que pueda llenar la soledad que la agobia desde chica.

Yo, asiduo devorador de papas con aceite de oliva, tengo varias llaves: una escena de Amélie hablando en una cabina telefónica en la estación del tren, el pesado sonido de las manijas del reloj, el cuadro de Renoir, los gatos en el aquelarre nocturno. La llave abre misteriosamente el cerrojo de una ventana y hay tonos color mirlo, un libro, y champagne brotando de la torre Eiffel, como Alicia en el País de las Maravillas. Este filme, repleto de personajes estrambóticos, es una alegoría del amor. Según la imagen cortazariana, Nino y Amélie andan sin buscarse pero sabiendo que andan para encontrarse. Jeunet incluye esta cinta como un sueño hecho realidad luego de la lectura de Alicia.

Quizá la melancolía de que el filme acabe es profunda. Sin duda, una de las mejores producciones del séptimo arte que ha engendrado Francia. Figuras, colores, formas, y la música de un acordeón que llena esa gran metáfora que es París. El amor como la cumbre de la imaginación.

Algo más a propósito de las excentricidades de Amélie, habrá que pensar en nuevos epítetos, mírala de noche, y, recordando la figura de Carrol, cuando el televisor se trague las últimas letras, piensa cómo se vería la luz de una vela apagada.

Publicado en el sitio cultural de Xela Revista Luna Park: http://www.revistalunapark.com/

viernes, 25 de enero de 2008

Transgresiones I

Hay imágenes que están fuera del orden habitual, transgresiones que irrumpen en el sentido común de la mayoría, figuras en exceso herméticas... lagunas mentales.
Rocket Brothers es casi mediático, no puedo escuchar un par de minutos sin que una tristeza terrible se apodere de mí. La melodía (esos tintin tintin) llena la imagen del peregrino de Dante atravesando junto a Virgilio los siete muros que llevan al jardín de los no bautizados y los paganos virtuosos, el Limbo y la ironía de los Campos Elíseos, aquel verde intenso, hay que decir. Ahí donde según los griegos iban los héroes. ¡Kashmir y Dante!

Pero la figura no se detiene, y soy arrastrado por un agujero abismal como en el cuento de Poe hasta una figura más bien pública. ¿Por qué Nirvana tuvo que cambiarse el nombre a Kashmir?
Pero es que don Cobain, baboso, y luego, una nirvana danesa... es mejor Kashmir y eso del peregrino, Lecter, las imágenes...

jueves, 24 de enero de 2008

Mad fer it! I

Hace ya más de diez años que OASIS dio su primera presentación masiva en el Knewworth, abarrotado con un poco más de 250 mil almas. Cuando el grunge se hundía en la ciénaga del recuerdo, y Alice in Chains era el único que saltaba del barco; cuando el match britpop OASIS vs Blur. Tiempos para los monstruos de la razón de Goya, Damon Albarn muerto de miedo en viajes de psilocibina, y Liam tragando litros de cerveza y fumando como chimenea en los pubs de Manchester. La venganza del inmolado Rodrigo de Xerez.

OASIS, más allá de su poderío musical y sus goofy lyrics, es un fantástico cristal cultural de los jóvenes ingleses. We don't speak broken english, fuckin' yanks! It's not breakin' up, mate, It's breakin' down! La Inglaterra de las papas con aceite de oliva y ajo, los libros de Orwell, y las gabardinas de botones enormes. Además de ese monumental libro de Burgess, La Naranja Mecánica. Frío inglés, cerveza y, como paradoja escocesa, muchos Blue Camel (nombre que se les da a los Subtle Flavour en Inglaterra, more Wikipedia).

Todavía hoy es curioso ver carteles del Heathen Chemistry en las calles de Manchester, y cuando digo "ver" es sólo un decir, ya que no conozco dichas calles, eso de los afiches lo vi en Right here, right now, poderoso largometraje de su época fatídica. Por supuesto que ya no es la generación del pronunciamiento poético, podemos decir que estamos en la etapa de prorrupción política. Es curioso ver cómo estos señores respetables se sentían orgullosos en el 97 de haber asistido una temporada completa a ver al Manchester City, o seguir jugando billar bajo un cielo nublado y frío, mientras Liam se rifaba en los bares como el Marlowe isabelino. Claro que el pequeño Gallagher no terminó con un cuchillo en el ojo, pero sí con menos dientes.

Por supuesto, el fantasma del trébol alcanzó a la banda de Manchester: los padres de los Gallagher son irlandeses; por ello Liam come dichas papas y alega aquello de que no hay grafía para el dromedario en el inglés, la disertación que jode a los semánticos ingleses, this is full of bits and pieces, I owe a bang to the slang! Bloody Donne!

De la confusión del dromedario y el humo del Camel proviene Cigarretes and Alcohol.

Como un justo corolario a propósito del conflicto casi axiomático entre los hermanos Gallagher, Noel encontró en Wilde el título para una de sus mejores canciones desde la época de Definitely Maybe, The Importance of being Idle. Se dice que sabe irlandés. El portazo lo dio el hermano mayor, quien es abogado o algo así.
En el sexto álbum, Don't believe the Truth, Part of the Queue me parece una tildada al plagio inconciente. Quien escuche Brown Sugar de The Stranglers armará el puzzle inmediatamente. Mas, ¿qué es la originalidad, sino un plagio bien escondido? "A todo esto habría que darse una vuelta por el foro, Diego."

A más de una década de los geniales conciertos que engendraron el ...There and Then, alucinante recopilación de recitales colosales, Noel deja las guitarras y los bajos, prepara a la sinfónica de Londres, y arremete ya contra el fantasma de Liverpool.
A propósito, una mala broma para los entendidos del rock dice que Richey James desapareció luego de que Liam pronunció aquello de Beatle's quite good, oasis is much better!

miércoles, 9 de enero de 2008

Patafísica

El otro día, en el periódico, miraba muy contento las providenciales atajadas de Iker Casillas en la tele. Explico: mi relación con el fútbol es estrictamente intelectual. O dicho de otra manera: me he dejado tentar por el vicio de algunos escritores. O para usar figuras: como Cabrera Infante me hizo añorar un habano, o Umbral convertirme en torero, cosas así. Para ser prácticos: no había trabajo y por ello bajé al primer piso, donde hay un poderoso televisor pantalla plana y sillas bien cómodas.

Debo relatar que hace poco incluía al fútbol en mi lista de los 573 segmentos de la vida que me importan un comino. Era como un callo, digamos. Así nomás, contento, hurgando en la Red, me topo con semejante link. Los jugadores del Madrid hablando de cualquier tema menos fútbol. Parece que ese es el gancho que jala estupefactos a los lectores ávidos de cualquier basura que tiren sus ídolos. Pero, ¿qué les puede gustar? ¡Oh curiosidad, madre de todos los placeres!

Ya después de las primeras líneas no podía creerlo. Casillas, el tipo a quien le llovían balones el otro día, hablando de cómo conoció su ciudad recorriéndola en metro, aquello de no sabes quién eres hasta que regresas a tu casa bajo una lluvia torrencial. ¡Casillas hablando de patafísica! Y además lee a Quevedo y Tirso de Molina. Algo así como Cortázar aprehendiendo París al caminar.Y luego Míchel Salgado, un gallego salado, con pinta de marinero del siglo XVI, hablando de las olas de Vigo, los mejillones, la merienda al atardecer y su fascinación por la cultura romana, ¡romana! El tipo se leyó quién sabe cuántos libros de literatura latina y, para rematar, te explica, así como quien no quiere la cosa, que el 80 por ciento de su cultura proviene de aquellos. Hasta una cátedra terminó ofreciendo.

Pero lo secundario aquí es qué harán nuestros insignes jugadores de fútbol. No es por embarrar al país pero, luego de vivir en esta nuestra asesinada cultura, empiezo a escuchar a mi demón. Hermana entidad de la que tanto persiguió el rey Midas. Yo corrijo las notas: puntos y comas como sal y pimienta. Pero sazonar apropiadamente la comida no garantiza que sea una delicia. Bueno, ya se aclara todo. Imagino al Pescado aprehendiendo la realidad luego de varias copas. Falta de metafísica, entonces. Para decirlo filosóficamente, el deporte no es una desfachatez en sí, sino más bien para sí. Pero no los imaginas jugando tenis, o nadando, quién sabe. El fútbol como problema filosófico. Tema de disertación.

¡Oh, imbecilidad!

Entonces esto termina con Salgado comiendo mejillones en las playas verde lima de Vigo, Casillas viendo balones caer de la Cibeles, o el otro, el sevillano que le gusta la tauromaquia, ahí donde se aprende a ser hombre, decía Perico Romero. Hablando de ello, recuerdo al culto arquero danés Peter Schmeichel, quien tenía una granja en Gladsaxe, al norte de Dinamarca. Cuando no jugaba al fútbol, vendía productos lácteos por cajas, él mismo ordeñaba sus vacas, y, por las tardes, quién sabe, quizá hasta leía libros de mitología escandinava. La cadencia de la anécdota.

A propósito de cadencias, a Borges le parecía raro que un hombre tan inteligente como César Menotti se empeñara en hablar de fútbol todo el día.

martes, 1 de enero de 2008

¿Por qué Goncharov no es tan leído como Dostoievski?
¿Por qué en ocasiones la luna se ve roja?
¿Por qué estamos seguros de que eso es pensar, y no sentir?
¿Por qué Rimbaud se largó a Abisinia?
¿Por qué Nietzsche fingió demencia once años?
(sic)
No me interesan las explicaciones racionales (entrevista de vayan a saber quién con Onetti)

¿Por qué...?